Sobre las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo

Las elecciones municipales y autonómicas celebradas en el Estado español el pasado día 28 de mayo, nos han mostrado un termómetro del grado de conciencia de la clase obrera y del estado de su psicología. La jornada electoral, donde se votaba la conformación de todos los ayuntamientos de los municipios así como las elecciones autonómicas en las regiones de Murcia, Comunidad Valenciana, Comunidad Canaria, Comunidad autónoma de Baleares, Aragón, La Rioja, Navarra, Cantabria, Asturias, Castilla la Mancha, Extremadura y Madrid, nos han arrojado una serie de datos cuantitativos y cualitativos reseñables.

Por un lado, en lo que concierne a las elecciones municipales, la abstención en las mismas en 2023 ha crecido en 543.409 personas con respecto de las elecciones municipales de 2019, de tal forma que la abstención en estas elecciones municipales ha alcanzado el 36,09% del censo electoral, o lo que es lo mismo, 12.822.326 personas no han votado en las elecciones municipales.

Por otro lado, el PP ha subido en las elecciones municipales 1.891.906 votos, o lo que es lo mismo, se ha engullido el 95,09% de los votos que C’s obtuvo en 2019. C’s, también llamado por el mandamás del Banco de Sabadell como PODEMOS de derechas, ha visto como estos comicios extendían su certificado de defunción.

También hay que decir que el bloque de la extrema derecha – PP, C’s y VOX – en las elecciones municipales de 2019 sumó 7.957.098 votos por los 8.654.821 votos que ha sumado en las elecciones de 2023, lo que significa que han crecido 697.723 votos en este periodo.

Si comparamos, por ejemplo, los resultados electorales de las últimas elecciones generales de noviembre de 2019, donde esos tres partidos sumaron 10.354.337 votos, comprobamos que la supuesta fortaleza de la extrema derecha en estas elecciones municipales no ha sido como consecuencia de su realidad sino como consecuencia de la debilidad de la supuesta izquierda. Consecuentemente, y a pesar de la imagen que pretenden dar unos y otros de los resultados electorales, la supuesta izquierda del sistema – que están totalmente escorados a la derecha y abrazaron la política de Rajoy votada favorablemente por todos ellos en la moción de censura de 1 de junio de 2018 – y la extrema derecha no están en una situación de fortaleza y lo que sí han demostrado estos procesos electorales es una creciente desafección política de la clase obrera donde la abstención se incrementa nutriéndose de las filas obreras.

Extrapolando los resultados electorales de las municipales, a pesar que la lógica de voto de unas elecciones generales cambia con respecto de estas, el bloque de extrema derecha se quedaría lejos de la mayoría absoluta, sumando entre ambos poco más de 150 escaños, por los 145 escaños que sumarían la supuesta “izquierda”, de tal modo que esa “izquierda” sí podría sumar gobierno en caso de que nacionalistas de derechas – PNV y Junts –  e independentistas socialdemócratas – Bildu y ERC – les apoyasen, algo que en la coyuntura política actual es poco factible.

Estos comicios municipales y autonómicos han barrido lo que se denominaba la “nueva política” allá por 2015 que, como se ha comprobado, para lo único que servía era para salvaguardar al bipartidismo en un momento de crisis del sistema político y donde PODEMOS fue parido por el sistema para desmovilizar a una clase obrera que se encontraba en la calle movilizada contra las políticas antiobreras dictadas desde la UE y ejecutadas por el corrupto gobierno del PP. PODEMOS ha salido de muchos ayuntamientos, como por ejemplo el de Madrid, y ha desaparecido de parlamentos autonómicos como las Cortes Valencianas o la Asamblea de Madrid que han hecho que estos parlamentos autonómicos cambien de color político ya sea con pacto de las dos organizaciones fascistas (PP-VOX) o con el PP en solitario en Madrid, a pesar de que Ayuso ha retrocedido en 33.228 votos con respecto a las elecciones de 2021.

Estas elecciones han mostrado una constante que se ha reproducido en las grandes capitales del país, como es que los barrios donde reside la burguesía voten masivamente y los barrios obreros cada vez optan por una mayor abstención demostrándose por la vía de los hechos cómo la clase obrera va desechando la vía del electoralismo burgués apoyando cada vez menos a oportunistas y socialchovinistas – que en estas elecciones han dado una lección de egolatría y han demostrado una situación de fraccionamiento notable compitiendo entre ellos en un espectáculo lamentable – cuyas políticas no solo no resuelven los problemas de la clase obrera sino que los agrandan, no solo no otorgan mayores cotas de libertad sino que no derogan las leyes hechas por los fascistas al objeto de reprimir a la clase obrera, como acontece con la ley mordaza. Y esta realidad hace que la extrema derecha pueda gobernar ayuntamientos de grandes ciudades como Sevilla, Valencia o Madrid.

En clave catalana, la traición de los partidos independentistas al 1 de Octubre les ha pasado factura en términos electorales, fundamentalmente a ERC que ha perdido 304.761 votos, por los 6.419 que ha perdido el entorno de Junts y la antigua Convergència. Este hecho ha fortalecido al PSC-PSOE así como ha dado aire a los fascistas de VOX y PP que, junto con la defunción de C’s, han avanzado posiciones electorales, aunque con pies de barro que serán barridos en caso de que se incremente la participación, que en Cataluña ha sido de las más bajas.

Y si lamentable ha sido el espectáculo dado por las diferentes taifas del oportunismo – Comuns, el engendro de Errejón, Podemos, IU, Compromís y las diferentes denominaciones que han empleado -, aquellos que nos reivindicamos del marxismo-leninismo no le hemos andado a la zaga. Nuestro Partido en el Pleno del Comité Central que celebramos en enero de este año, que daba continuidad al posicionamiento ya adoptado por nuestro Comité central a principios de 2022, acordamos no concurrir a los diferentes procesos electorales que se iban a suceder a lo largo de este año puesto que nuestro partido en el momento actual antepone la lucha revolucionaria y la construcción de órganos de poder popular para la confrontación contra el Estado burgués al electoralismo burgués. En el momento actual es prioritario anteponer el trabajo entre la clase obrera para arrancar a la parte más avanzada del proletariado a la confrontación contra el capitalismo y contra el Estado que pelear por la obtención de unos pocos de miles de votos pero que no redundan en el fortalecimiento del Partido. Los comunistas deberíamos reflexionar en cómo construir un gran Partido que dote de una salida revolucionaria y una ruptura con el capitalismo a la clase obrera mucho más que en pretender pelear por unas decenas de votos para tratar de aparentar algo que no se es y que tampoco es necesario ser.

Nuestro Partido en el año 2020 planteó un proceso de unidad de acción de los comunistas para penetrar en mayor grado en la clase obrera y organizarla en una dirección revolucionaria. Dicho proceso fracasó, por incomprensión de unos y por oportunismo e incompetencia de otros. Si ese proceso se hubiera abierto camino y las fuerzas comunistas se hubieran ido unificando y fortaleciendo hoy la clase obrera y el movimiento comunista estaría en mejores condiciones para avanzar ante la bancarrota de la alianza oportunista-socialchovinista y para hacer frente al fascismo que cada día avanza más y que es el reflejo de la quiebra del capitalismo.

Sin la unidad comunista en base a los principios y a la Revolución ni podremos dirigir a la clase obrera al cumplimiento de su misión histórica, ni tan siquiera podremos emplear las elecciones burguesas para dañar a los capitalistas y fortalecer la revolución sino, en todo caso, para seguir dando color y legitimidad a unas elecciones donde, como se ha acreditado nuevamente en esta ocasión, lo que prevalece es el fraude.

Nuestro Partido, en las condiciones que hoy se dan en el Estado español, seguirá por la senda de penetrar en la clase obrera y de dirigirla por el camino de dar una respuesta revolucionaria al capitalismo monopolista, por la senda de combatir sin cuartel todo tipo de ideología burguesa al objeto de fortalecer las filas de la Revolución, que es fortalecer las filas del Partido y, como no, también estaremos por la labor de avanzar en la unidad de los comunistas, en la unidad de acción para conquistar la unidad orgánica y, por tanto, un único partido.

 

¡ABAJO EL CAPITALISMO!

¡POR LA REVOLUCIÓN PROLETARIA!

¡SOCIALISMO O BARBARIE!

 

Madrid, 2 de junio de 2023

COMITÉ EJECUTIVO DEL PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (P.C.O.E.)

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  1. Construcción Social y Transformación Social: Dos Perspectivas Clave para un Mundo en Cambio

    La sociedad humana es un tejido complejo de relaciones, valores, normas y creencias que evolucionan constantemente. Dos conceptos esenciales que nos ayudan a comprender este dinamismo son la «construcción social» y la «transformación social». Estos términos están interconectados de manera profunda y desempeñan un papel fundamental en cómo moldeamos y cambiamos nuestra realidad colectiva.

    La Construcción Social: La Base de la Realidad Compartida

    La construcción social se refiere a la idea de que la realidad es una creación colectiva. Esto significa que gran parte de lo que consideramos «verdadero» o «real» está moldeado por la interacción y la interpretación conjunta de las personas en una sociedad. Aquello que damos por sentado, como el lenguaje, las instituciones, las normas sociales y las jerarquías, son todos ejemplos de construcciones sociales.

    Un ejemplo claro de construcción social es el dinero. El papel moneda en sí mismo no tiene un valor intrínseco; su valor se deriva de la creencia compartida de que tiene poder adquisitivo. La construcción social también se extiende a la identidad de género, la raza y la religión, que son categorías que las sociedades han construido a lo largo del tiempo y que tienen un impacto profundo en la vida de las personas.

    La comprensión de la construcción social nos permite reconocer que nuestras realidades individuales y colectivas pueden cambiar a medida que cambian nuestras creencias y prácticas. Esto nos lleva a la siguiente dimensión fundamental: la transformación social.

    La Transformación Social: Moldando el Futuro

    La transformación social se refiere al proceso de cambio fundamental en las estructuras, valores y normas de una sociedad. Puede ser impulsada por una variedad de fuerzas, como avances tecnológicos, movimientos sociales, conflictos, cambios económicos o incluso crisis globales. La transformación social puede ser gradual o abrupta, pero siempre tiene un impacto profundo en la sociedad en cuestión.

    Un ejemplo histórico de transformación social es la Revolución Industrial. Este período de cambio radical en la producción y la tecnología transformó la sociedad agraria en una sociedad industrial. Cambios similares están ocurriendo en la actualidad con la Revolución Tecnológica, que está alterando la forma en que trabajamos, nos comunicamos y vivimos.

    Los movimientos sociales también son agentes poderosos de transformación social. El movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos en la década de 1960, por ejemplo, desafió las normas de segregación racial y condujo a cambios legislativos significativos. Los movimientos contemporáneos, como el movimiento por la igualdad de género y la lucha contra el cambio climático, también buscan transformar la sociedad.

    La Interacción Entre la Construcción Social y la Transformación Social

    La construcción social y la transformación social están interconectadas de manera profunda. A medida que cambian las creencias y valores en una sociedad, se pueden cuestionar y transformar las construcciones sociales existentes. Del mismo modo, la transformación social puede impulsar cambios en la construcción social al cambiar las normas y las instituciones.

    Por ejemplo, a medida que la sociedad avanza hacia una mayor conciencia de la igualdad de género, se cuestionan las construcciones sociales tradicionales de género y roles de género. Esto puede llevar a cambios en las políticas gubernamentales, las prácticas empresariales y las normas culturales relacionadas con el género.

    En resumen, la construcción social y la transformación social son conceptos clave para comprender cómo evoluciona nuestra sociedad. Reconocer que gran parte de nuestra realidad es una construcción colectiva nos permite ser más conscientes de cómo podemos cambiarla. La transformación social, a su vez, nos muestra que el cambio es posible y que podemos moldear un futuro más justo, igualitario y sostenible a través de nuestros esfuerzos individuales y colectivos. Estos conceptos nos instan a ser agentes activos de cambio en un mundo en constante evolución.

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