Los entresijos del imperialismo yanqui
Lo que a primera vista pudiera parecer una prueba de fuerza del imperialismo yanqui al agredir a Irán, mirado con detenimiento es un síntoma de sus contradicciones y debilidades internas y una muestra de las urgencias que tiene EEUU para sostener su sistema económico en bancarrota. Cuando una potencia hegemónica necesita recurrir cada vez más a la coerción militar para sostener su posición global, eso indica que su dominio económico, político e ideológico ya no es tan estable como antes.
EEUU atraviesa una fase de declive debido a la pérdida de peso industrial frente a China, el endeudamiento masivo, la desigualdad social extrema, la polarización política interna y el desgaste de la legitimidad internacional. En ese marco, el imperialismo yanqui recurre cada vez más a la fuerza militar porque ya no puede sostener su hegemonía mediante el consenso económico y cultural.
Hace más de un siglo, Lenin, en su obra “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917) describió al imperialismo como una fase del capitalismo monopolista donde las potencias necesitan controlar recursos, asegurar rutas comerciales y expandir mercados para proteger sus intereses financieros. En ese entramado, Irán, como antes Venezuela, ocupa una enorme posición estratégica por sus reservas de petróleo y gas, su control cercano del Golfo Pérsico unido a su influencia regional y sus amplias conexiones con bloques rivales de EEUU. Desde esta óptica, la confrontación se vuelve indispensable para defender la estructura global del capital estadounidense.
El imperialismo yanqui ya acumula largos episodios donde ha mordido el polvo. Entre los más destacables están Vietnam, Cuba, Irak, Afganistán, Libia, por citar sólo algunos ejemplos, donde se mostró a las claras los enormes límites de su poder imperial. Esto trae aparejado guerras larguísimas, costos gigantescos, amplios sectores de rechazo interno y una flagrante incapacidad de construir estabilidad duradera. En esta tesitura, EEUU necesita abrir nuevos frentes con el aumento de una presión militar desesperada en la que no tiene asegurada la victoria y como señal de alarma de que el tablero internacional se le está escapando de las manos.
Desde esta perspectiva, Irán no se analiza aisladamente, sino dentro de un bloque de resistencias parciales al imperialismo yanqui que se caracterizan por el acercamiento a China, la cooperación con Rusia, las organizaciones alternativas como los BRICS y, muy importante, el comercio fuera del dólar. La existencia de potencias capaces de desafiar sanciones y presión militar indicaría que el momento unipolar, posterior a la Guerra Fría, se está erosionando. Llegados a este punto, EEUU intenta gestionar las contradicciones internas del capitalismo escorándose abiertamente hacia el fascismo para desviar el malestar social y justificar el aumento del gasto militar en un intento de reforzar el control político.
En resumen, la agresión contra Irán pasa de ser una demostración de omnipotencia del imperialismo yanqui, a una evidencia de una profunda crisis de hegemonía debido al agotamiento del orden unipolar que lleva aparejada la necesidad creciente de coerción, para sostener un poco más las contradicciones estructurales del capitalismo imperialista.
Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)