La socialdemocracia como ala izquierda del fascismo
Cuando el actual Gobierno llegó al poder, se presentó como «el Gobierno más progresista de la historia». Entre sus grandes promesas figuraba la derogación de la Ley Mordaza, una de las herramientas más represivas heredadas del ciclo político anterior y utilizada durante años para perseguir la protesta social cuando, debido al expolio extremo de la burguesía, la lucha de la clase obrera tomó mayor temperatura para sancionar la libertad de expresión y reforzar el control policial sobre la clase obrera y los movimientos populares.
Sin embargo, tras siete años de legislatura en dos episodios, la realidad es tozuda e incontestable, la Ley Mordaza continúa vigente. A pesar de las mayorías parlamentarias y de las innumerables declaraciones públicas, el Gobierno ha sido incapaz, o más bien no ha querido, acabar con una norma que representa uno de los mayores ataques a las libertades democráticas de las últimas décadas.
Desde nuestra óptica revolucionaria, este fracaso no puede entenderse como una simple falta de voluntad política o un desacuerdo parlamentario. Responde a la propia naturaleza de la socialdemocracia como gestora del Estado burgués. Su función histórica no consiste en transformar las estructuras de poder, sino en administrarlas, preservando la estabilidad del sistema capitalista incluso cuando ello implica mantener mecanismos represivos.
En su obra “¿Qué es el fascismo y cómo combatirlo?” (1935), Georgi Dimitrov sostiene que el fascismo constituye la dictadura terrorista abierta de los sectores más reaccionarios del capital financiero. Es el dominio irrestricto del capital financiero por encima del productivo. Desde esta tradición política, los comunistas hemos interpretado que la socialdemocracia desempeña el papel de ala izquierda del mismo orden burgués. Mientras el fascismo recurre a la violencia abierta cuando el sistema entra en crisis, la socialdemocracia busca preservar ese mismo sistema mediante el consenso, las reformas limitadas y la desmovilización de la clase obrera.
Bajo esta interpretación, la permanencia de la Ley Mordaza no es una anomalía, sino una consecuencia lógica. Quien acepta las reglas del Estado capitalista termina administrando también sus instrumentos de coerción. Las promesas de derogación quedan subordinadas a la necesidad de garantizar la estabilidad institucional y proteger los intereses de la clase dominante, la burguesía. Cada sanción impuesta a un piquete, cada multa a una manifestación y cada restricción al derecho de protesta evidencian que el aparato represivo del Estado permanece intacto. Cambian los gobiernos y los discursos, pero las herramientas de control continúan disponibles para ser utilizadas contra quienes cuestionan el orden establecido.
La experiencia vuelve a demostrar que la conquista de las libertades democráticas no puede confiarse a quienes administran el capitalismo con un lenguaje progresista. Solo la organización independiente de la clase obrera y la construcción de un poder político propio pueden garantizar la eliminación efectiva de las leyes represivas y de las estructuras que las hacen posibles.
La Ley Mordaza sigue vigente. Y con ella cae otra promesa del llamado «Gobierno más progresista de la historia». Una promesa incumplida que, para el movimiento comunista, confirma, una vez más, la tesis de Dimitrov de que la socialdemocracia no rompe con el Estado burgués, sino que contribuye a su conservación, incluso cuando ello supone mantener intactos sus mecanismos de represión.
Porque en toda la historia ningún derecho ha sido un regalo del poder sino una conquista. Las libertades se conquistan organizando a la clase obrera, fortaleciendo al partido comunista y construyendo una alternativa revolucionaria frente a un sistema que necesita la represión para perpetuarse. Frente a las promesas incumplidas de la socialdemocracia, no hay otra herramienta que la organización, la conciencia de clase y la dictadura del proletariado. Para conquistarlo, el PCOE te llama a unirte a sus filas.
¡Contra la represión del capital, organización y lucha!
¡Ni represión, ni promesas vacías; organización y socialismo!
¡Todo el poder para la clase obrera!
Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)