El capitalismo ya se resquebraja
La aceleración de la concentración de la riqueza constituye una de las contradicciones fundamentales del capitalismo en su fase imperialista. Mientras la producción social alcanza niveles cada vez mayores en tamaño y productividad, una parte creciente de la renta y de la riqueza queda concentrada en manos de quienes controlan el capital y los medios de producción. Los beneficios empresariales, las rentas del capital, la inflación y los dividendos se convierten así en mecanismos de apropiación privada de una riqueza producida por el trabajo social.
El problema no reside únicamente en que existan grandes fortunas sino en la estructura de las relaciones de producción, que permiten que una minoría propietaria y parásita participe de forma desproporcionada en la distribución del excedente económico. El obrero recibe un salario por vender su fuerza de trabajo, mientras el propietario del capital obtiene beneficios, dividendos y otras rentas derivadas de la propiedad. Cuanto mayor es la concentración de la propiedad, mayor es también la concentración de los ingresos y de la capacidad de decisión económica.
Los comunistas tenemos claro que esta contradicción revela los límites históricos del capitalismo. El desarrollo de las fuerzas productivas entra progresivamente en tensión con unas relaciones de producción basadas en la propiedad privada y en la competencia entre capitales. La producción es cada vez más social ya que millones de obreros, empresas, infraestructuras y cadenas productivas están interconectados. Sin embargo, la apropiación del excedente continúa siendo privada en un 99%.
Esta contradicción se hace especialmente visible cuando el propio capitalismo comienza a recurrir a mecanismos que se apartan de su ideal clásico de libre competencia. La planificación industrial, las políticas de intervención económica, los aranceles, las subvenciones estratégicas y la protección de sectores considerados esenciales muestran que incluso los Estados capitalistas recurren de manera creciente a formas de coordinación y dirección de la actividad económica. La economía deja de presentarse como un conjunto de productores independientes sometidos exclusivamente al mercado. En ese punto, la economía pasa a estar condicionada por decisiones centralizadas y la producción se planifica.
Como ejemplo flagrante del fin de la libre competencia están los aranceles y las políticas de protección económica como manifestación del fin de la libre competencia y que indican que el capitalismo se halla en su fase putrefacta y última, el imperialismo, donde el monopolio extingue y absorbe a todos los capitales que pudieran hacerle sombra. El capital monopolista y la concentración empresarial reducen progresivamente el carácter competitivo del propio capitalismo. Grandes empresas dominan mercados enteros, mientras los Estados intervienen para proteger industrias, asegurar cadenas de suministro y dirigir inversiones consideradas estratégicas. El resultado es una paradoja histórica que sólo puede resolver la revolución socialista. El propio capitalismo desarrolla mecanismos de planificación y socialización de la producción que, al mismo tiempo, ponen de manifiesto la necesidad de superar las relaciones de propiedad capitalistas. La producción ya posee un carácter profundamente colectivo, pero sus frutos continúan distribuyéndose de manera desigual. Sólo poniendo una cuña para que la maquinaria de la propiedad privada capitalista salte por los aires se puede resolver la contradicción política, económica y social que castiga y mata a nuestros hermanos de clase.
Para la clase obrera, esta situación juega a nuestro favor ya que le sitúa en una transición en la que las fuerzas productivas desarrolladas por el capitalismo crean las condiciones materiales para unas relaciones de producción superiores. El socialismo no significa simplemente una mayor intervención del Estado dentro del mismo sistema moribundo, sino una transformación de la propiedad y del poder económico. Consiste en que los principales medios de producción pasen, de estar subordinados a la acumulación privada, a estar organizados en función de las necesidades sociales en su primera fase de desarrollo.
La cuestión central deja entonces de ser únicamente cuánto crece la economía y pasa a ser quién decide qué se produce, cómo se produce y cómo se distribuye el excedente. La planificación económica, llevada a su máxima expresión sin los límites que impone el capitalismo moribundo para la apropiación privada, permitirá sustituir progresivamente la anarquía de la producción capitalista por una coordinación consciente de las fuerzas productivas. Con este sencillo trámite, que no se podrá llevar a cabo sin la resistencia armada de los explotadores, la riqueza social dejará de estar orientada exclusivamente hacia la rentabilidad privada y podrá dirigirse hacia la satisfacción de las necesidades colectivas. Evitaremos crímenes como las guerras recurrentes para la apropiación de nuevos territorios y materias primas y muertes alevosas como la de la compañera de Sevilla, desmercantilizando necesidades básicas como la vivienda y liberando de la ley del salario nuestra fuerza de trabajo.
En este sentido, afirmamos que las contradicciones del capitalismo han generado las condiciones materiales para plantear una transición hacia relaciones de producción socialistas. No se trata de regresar a formas económicas anteriores como pregonan anarcocapitalistas, anarquistas y otras faunas sociales hijas de la burguesía, sino de avanzar hacia una organización superior de una producción que ya es social por la propia desnaturalización del sistema capitalista.
La misión histórica de la clase obrera consiste en derribar las últimas resistencias del capitalismo y lo que ya es inevitable en estos momentos, su completa demolición. En esta tesitura, la tarea del PCOE consiste en organizar la revolución socialista guiado por el internacionalismo proletario y la organización obrera para elevar la temperatura de la lucha de clases hasta romper las frágiles costuras de este sistema de explotación insufrible para nuestros hermanos de clase. En este escenario el PCOE te llama a unirte a sus filas en la tarea ingente de la emancipación de nuestra clase social para que pueda conquistar la libertad y la propiedad colectiva de la producción social que no deje a nadie en la estacada.
¡Por la demolición de la bestia imperialista!
¡Por el fin de la explotación de los seres humanos!
¡Por la conquista del socialismo!
Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)