La finaciarización de la economía y sus consecuencias para la clase obrera

La financiarización constituye la fase avanzada del capitalismo, en su fase imperialista y putrefacta, en la que el capital financiero adquiere una posición dominante sobre el capital productivo. La obtención de beneficios deja de depender principalmente de la producción de bienes y servicios para basarse cada vez más en la especulación, la compraventa de activos financieros y la apropiación de rentas. Este proceso profundiza las contradicciones del sistema capitalista y acentúa la subordinación de la economía real a los intereses de los grandes grupos financieros.

Los fondos de inversión, los fondos de cobertura y otros grandes actores financieros concentran enormes volúmenes de capital que circulan por los mercados internacionales en busca de la máxima rentabilidad a corto plazo. Su capacidad para influir sobre el precio de la vivienda, la energía, los alimentos, las materias primas o la deuda pública convierte necesidades básicas y sectores estratégicos en simples activos financieros. El resultado es una creciente inestabilidad económica y una mayor dependencia de decisiones tomadas por entidades que no producen riqueza material, sino que obtienen beneficios mediante la intermediación financiera y la especulación.

Los comunistas sabemos que este fenómeno corresponde al predominio del capital financiero descrito por Lenin en su análisis del imperialismo, “Imperialismo, fase superior del capitalismo” (1917). En su obra describe la fusión entre el capital bancario y el capital industrial, que da lugar a una oligarquía financiera que condiciona las políticas económicas de los Estados y orienta la producción hacia los intereses de los grandes monopolios. La acumulación deja de estar guiada por las necesidades sociales para responder exclusivamente a la rentabilidad del capital. Es el dominio del valor de cambio, rentabilidad y especulación, sobre el valor de uso, necesidad social.

En este escenario, el predominio del capital financiero sobre el productivo favorece dinámicas inflacionistas. Cuando una parte creciente del capital se dirige hacia la especulación en lugar de invertirse en ampliar la capacidad productiva, la producción de bienes y servicios crece a un ritmo inferior al de la expansión del crédito, la liquidez y los activos financieros. Esto desemboca en la inflación que vivimos en la actualidad al respaldarse la misma producción por una masa monetaria más elevada. Al mismo tiempo, la especulación sobre bienes esenciales eleva sus precios, trasladando esos incrementos al conjunto de la economía. Por eso, esta inflación no se explica únicamente por factores monetarios o por desequilibrios coyunturales entre oferta y demanda, sino por la creciente capacidad del capital financiero para imponer rentas extraordinarias para beneficios privados y trasladar los costes al conjunto de la sociedad que es la clase obrera.

La consecuencia es una economía cada vez menos orientada a la producción y al trabajo, y más dependiente de la valorización del capital financiero. Mientras la productividad y los salarios reales avanzan lentamente o incluso retroceden, los beneficios derivados de la especulación y de la posesión de activos aumentan de forma desproporcionada, ampliando las desigualdades sociales y debilitando el tejido productivo. A la vez, esta hegemonía del capital financiero también modifica la relación entre el Estado y el gran capital. Las instituciones públicas pasan a garantizar la estabilidad de los mercados financieros, el rescate de entidades consideradas «demasiado grandes para caer» y el pago prioritario de la deuda, incluso a costa del deterioro de los servicios públicos y de las condiciones de vida de la clase obrera. La democracia liberal queda así condicionada por los intereses de una minoría parásita y propietaria de los principales instrumentos financieros.

En este marco, aparece el fascismo que representa la forma política que adopta el capitalismo cuando sus contradicciones alcanzan un grado crítico y las clases dominantes buscan preservar el poder del gran capital frente al avance de las organizaciones de la clase obrera. En este escenario, el fascismo es la dictadura al servicio del capital monopolista y financiero, utilizando el nacionalismo extremo, el racismo, la represión y la eliminación de derechos democráticos para garantizar la continuidad de la acumulación capitalista. En este sentido, la estrecha relación entre el Estado autoritario y las élites financieras constituyen la expresión más acabada del dominio del capital financiero.

Frente a este modelo, el comunismo plantea la subordinación de las finanzas a las necesidades de la producción y del conjunto de la sociedad. La banca pública, el control democrático del crédito, la planificación y centralización económica y la socialización de los sectores estratégicos permitirían dirigir la inversión hacia la industria, la investigación, la vivienda y liberar al empleo de la ley del salario, por traer sólo algunos ejemplos, sustituyendo la lógica de la especulación por la satisfacción de las necesidades colectivas.

La antítesis de la financiarización es la dictadura del proletariado que manda al estercolero de la historia el dominio del capital financiero sobre el productivo, esto es, el fascismo. Y es fascismo porque su dominio, el del capital financiero, lleva las contradicciones del sistema económico hasta su máximo exponente y solo puede defenderse por la violencia franca y abierta contra la clase obrera que produce y representa el capital productivo. Desde el PCOE preparamos la herramienta política para la superación de la financiarización, el partido marxista-leninista, que no constituye únicamente una reforma económica, sino una transformación estructural de las relaciones de producción. El objetivo es desplazar el poder de la oligarquía financiera y situar el control de la economía en manos de la clase obrera, de modo que la riqueza producida socialmente deje de servir a la acumulación privada y pase a responder a los intereses de los verdaderos productores de la riqueza social, la clase obrera.

 

¡El capital especulativo destruye, el trabajo construye!

¡Socialismo para producir, repartir y vivir con dignidad!

¡Frente a la dictadura de los mercados, dictadura del proletariado!

 

Comisión de Agitación y Propaganda del Partido Comunista Obrero Español (PCOE)

Deja una respuesta

Your email address will not be published. Required fields are marked *